Acabamos de finalizar el primer trimestre de este 2016 y es un buen momento para hacer un primer balance y un primer auto análisis de cómo estamos llevando a cabo los buenos propósitos que nos planteamos al inicio de este nuevo año.  Todos los hemos hecho. Es inevitable en nuestra cultura. El cambio de año es un momento propicio para los nuevos planteamientos de vida, la adquisición de nuevos hábitos. Nos gustan los simbolismos y el año nuevo es la fecha  simbólica por antonomasia.  Unos habrán decidido adelgazar, otros hacer más ejercicio. Están los que quieren aprender a meditar y quien quiere estudiar inglés. Otros nos hemos propuesto depender un poco menos del móvil. La cuestión es que cada año lo comenzamos llenos de ilusiones y esperanzados en lograr ese cambio que creemos que nos va a beneficiar. Nos embriaga el entusiasmo por renovarnos y ser mejores.

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Pero van pasando los días y nuestros preciosos propósitos se desvanecen, y acabamos por no hacer nada de lo que nos habíamos propuesto. Nuestra ilusión desaparece y volvemos a caer en las rutinas y en los viejos hábitos. Y entonces,¿qué hacemos? Nos enfadamos con nosotros mismos, nos regañamos porque no tenemos voluntad, y nos decimos que somos unos inútiles y que nunca podremos cambiar…. Nos maltratamos, cómo si eso pudiera ayudarnos a cambiar.  Ya os adelanto que con la crítica nunca se consiguen cambios positivos. Además, no todo es cuestión de voluntad. Quizás el propósito no está bien formulado, -a lo mejor ni siquiera lo deseas en realidad y es algo inducido por otros-  o queremos cambiar un hábito sin solucionar el problema o la causa que nos conduce a él, o quizás nos haría falta aprender alguna técnica que nos apoye en nuestra labor de crecimiento y nos facilite el trabajo. Cómo dice Louise Hay, la autora cuya filosofía enseño:   ” Jamás llegaremos a amarnos realmente a nosotros mismos si no dejamos atrás la necesidad de agraviar a la vida” .

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El primer paso para ello es dejar de criticarnos a nosotros mismos. Vigila tu diálogo interior, escucha lo que te dices a ti mismo, y si detectas palabras negativas, insultos y agravios, sustitúyelos por otras más amables , dulces y comprensivas. Así podrás empezar a crear los tan anhelados cambios positivos en tu vida. En palabras de  Louise Hay: “Las críticas quebrantan el espíritu, pero nunca cambian nada. Los elogios, por el contrario, lo fortalecen y producen cambios positivos. Eso es tanto para las críticas que te haces a ti mismo como para las que le haces a tu pareja o a tus seres queridos. Si quieres ayudar a alguien o ayudarte a ti reconoce e identifica los errores o lo que consideres que se ha de corregir; reconocer o identificar no es lo mismo que criticar. Esta última palabra tiene una connotación negativa y las otras dos una connotación positiva…..Cuando desees cambiar algo, realmente puedes lograrlo. Por supuesto, no tienes por qué hacerlo solo; puedes recurrir a tu familia, amigos o profesionales.”

 

Y sobre todo, confía en ti mismo y no pierdas tus ilusiones.

 

Mª Àngels López Andrés

Coach Personal

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